Cada 8 de septiembre, el pueblo originario de Santa María Nativitas de Zacapan, ubicado en la alcaldía Xochimilco, se transforma en el epicentro de una de las manifestaciones de sincretismo religioso más bellas y profundas de la Ciudad de México. La celebración en honor a Santa María de la Natividad no solo conmemora el nacimiento litúrgico de la Virgen María, sino que también desentraña las raíces prehispánicas de una comunidad chinampera que ha sabido custodiar su identidad a lo largo de los siglos.
Los Orígenes Coloniales y el Pasado Oculto de la Iglesia
El corazón de esta festividad late en la Parroquia de Santa María Nativitas, una joya arquitectónica cuya construcción se remonta a finales del siglo XVI por la orden de los frailes franciscanos. En los tiempos previos a la conquista, la zona era conocida bajo el nombre náhuatl de Tepetlatzinco o Zacapan (que significa "encima de la paja").
Como parte del proceso de evangelización, el templo fue levantado utilizando piedras de antiguas estructuras prehispánicas. Un dato fascinante que revela la continuidad histórica del lugar ocurrió tras las obras de rehabilitación del sismo de 2017: arqueólogos descubrieron vestigios de un templo antiguo anterior a la estructura del siglo XVI justo debajo de las bases actuales, lo que confirma que este espacio ya era un centro ceremonial sagrado para los indígenas antes de la llegada de los españoles.
El Rito de las Manzanas: Fragancia a Gloria y Tradición
Uno de los elementos más vistosos y particulares de esta fiesta es el Rito de las Manzanas. Durante los días de festejo, el altar principal y la imagen de la Virgen son rodeados por cientos de flores y miles de manzanas frescas.
Este rito guarda una estrecha relación con las narraciones piadosas sobre el tránsito de la Virgen María. Cuenta la tradición que tras su dormición, el sepulcro vacío comenzó a emanar un intenso y misterioso aroma a manzanas y rosas como señal de su glorificación en el cielo. En Santa María Nativitas, los pobladores llevan canastas de manzanas para ser bendecidas durante la misa patronal. Al terminar, las frutas se reparten entre la comunidad, simbolizando la salud, la abundancia de las cosechas y las bendiciones de la Madre de Dios para el resto del año.
Sincretismo: La Fusión de Dos Mundos
El misticismo del pueblo de Nativitas radica en su capacidad para amalgamar la fe católica con la cosmovisión mesoamericana. Históricamente, septiembre coincide con el fin de la temporada de lluvias y la llegada de las primeras cosechas en las chinampas.
Para los antiguos habitantes, este periodo estaba dedicado al agradecimiento a las deidades de la tierra y del agua por los alimentos recibidos. Al introducirse el culto a la Natividad de María, el pueblo adoptó a la Virgen como la nueva protectora de sus campos flotantes, sus flores y sus canales. Es por ello que las ofrendas frutales no son un mero adorno, sino un acto vivo de reciprocidad con la tierra.
Asociaciones Civiles, Mayordomías y Organización Comunitaria
La magnitud de las fiestas patronales no sería posible sin el entramado social del pueblo. La organización recae principalmente en las Mayordomías, figuras compuestas por familias locales que custodian con recelo los estandartes sagrados a lo largo del año.
Junto a ellos, participan de manera muy activa diversas corporaciones locales:
- Asociaciones de canoeros y trajineras: Quienes decoran los embarcaderos aledaños y rinden tributo con portadas florales.
- Grupos de danza tradicional: Comparsas de chinelos y concheros que musicalizan el atrio con sus pasos sincréticos.
- Comités organizadores de vecinos: Encargados de coordinar la pirotecnia, las salvas de cohetes, la música de banda y el monumental banquete comunitario que se ofrece a los visitantes.


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